Hasta que Dios nos reúna

Hoy escribo mirando al cielo, con el corazón apretado pero lleno de fe.

A mis padres, a mi hermano mayor, a mi querido Homer y a mi Feucho: os sigo sintiendo cerca, aunque ya no pueda abrazaros. Hay días en los que vuestra ausencia pesa más de la cuenta, días en los que una canción, un recuerdo o un silencio me devuelven de golpe todo lo que echo de menos.

Me consuela pensar que estáis en un lugar donde ya no existe el dolor, donde Dios os cuida con esa luz que aquí solo podemos imaginar. Quiero creer que mis padres siguen guiándome, que mi hermano mayor camina en paz, y que Homer y Feucho corren libres, felices, esperando ese momento en el que volvamos a encontrarnos.

La fe no borra la tristeza, pero la sostiene. Me recuerda que el amor no termina en la muerte, que lo que se quiso de verdad no desaparece, solo cambia de lugar. Ahora vivís en mi memoria, en mis oraciones y en cada pequeño gesto que me hace pensar en vosotros.

Le pido a Dios que os tenga en su gloria, que la Virgen os cubra con su manto y que a mí me dé fuerza para seguir adelante sin perder la esperanza.

Porque aunque os fuisteis demasiado pronto, sigo creyendo que esto no es un adiós definitivo.

Es un hasta luego.

Hasta que Dios nos reúna otra vez.

Luis Martinez

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